En 1982 el Citroën BX, sustituto del Citroën GS, fue presentado entre gran expectación en París bajo la Torre Eiffel. Su radical diseño anguloso firmado por el carrocero Bertone lo diferenció inmediatamente del resto de sus rivales.

El BX fue uno de los primeros coches de Citroën que se benefició de la alianza con Peugeot, y compartió plataforma con el Peugeot 405 que no aparecería hasta 1987. Inicialmente el nuevo modelo de Citroën montaba motores Peugeot gasolina de 1.4, 1.6 y 1,9 litros, y a partir de 1983 estuvo disponible una versión 1.9 diesel. Tambien estuvo disponible una versión impulsada por un motor de 1.1 litros en Portugal, Italia y Grecia, que fue calificada por la prensa especializada de la época como "lenta e incómoda".

El BX se hizo famoso por su economía de consumo, sus potentes frenos y su estabilidad, esta última conseguida sin duda gracias a la típica suspensión hidroneumática Citroën. La principal desventaja de esta compleja suspensión era el costo de las reparaciones y la sensibilidad de los conductos de aceite a la corrosión. Las últimas versiones utilizaron nuevos sistemas de protección contra la corrosión, solventando en parte el problema.

Interiormente el Citroën BX fue tan innovador como exteriormente. Mantenía el volante de un solo radio típico de los Citroën y montaba un velocímetro estilo termómetro y unos extraños botones para accionar todos los instrumentos. En 1987 el BX recibió un lavado de cara, el equipamiento interior se cambió por uno más convencional y exteriormente el frontal y los pilotos delanteros y traseros fueron modificados.

Existireon múltiples versiones del BX; un familiar denominado "BX break", el "BX GTI 16v" con 160 CV y 235 km/h de velocidad punta, incluso una versión de Rally Grupo B denominada "BX 4TC". La producción del BX finalizó en 1994, cuando fue sustituido por el Citroën Xantia aparecido en 1993.
